El dolor en la enfermedad de parkinson

Introducción
Los síntomas no motores (SNM) en los pacientes con enfermedad de Parkinson (EP) son frecuentes,
pueden preceder o aparecer al inicio de la enfermedad, y en muchos casos condicionar la calidad de
vida y autonomía del paciente . En concreto, el dolor es un SNM muy frecuente en pacientes con
EP que puede afectar de una forma muy considerable a su calidad de vida, pero que está claramente
infradiagnosticado. Estudios recientes han demostrado una prevalencia del dolor en la EP de entre  68 ,
83  y 85% . En cualquier caso, los datos son probablemente insuficientes, hasta el punto de que una revisión reciente sobre SNM en la EP enfatiza acerca de la necesidad de realizar estudios de prevalencia de ámbito poblacional adecuados sobre el dolor y otros SNM en la EP . Además, la mayoría de los estudios previos sobre dolor en la EP se centran
más en establecer la prevalencia, sus características o intensidad, y no en la repercusión sobre la calidad
de vida o situación funcional de los pacientes. En el presente estudio, analizamos la prevalencia
del dolor en una serie consecutiva de pacientes con EP, sus características, a qué factores se asocia y
cuáles son predictores de éste, su relación con otros SNM y su repercusión sobre la calidad de vida, autonomía y estado de ánimo del paciente, así como el estrés y sobrecarga del cuidador.
Pacientes y métodos
Realizamos un estudio observacional, no intervencionista, poblacional, descriptivo, y transversal-prospectivo, en el que se incluyeron todos aquellos pacientes evaluados de forma consecutiva durante
cinco meses en la consulta de la Unidad de TrastorDolor en la enfermedad de Parkinson: prevalencia,
características, factores asociados y relación con otros síntomas no motores, calidad de vida, autonomía
y sobrecarga del cuidador
Introducción.
El dolor es un síntoma no motor muy frecuente en la enfermedad de Parkinson (EP), aunque infravalorado.
Analizamos la prevalencia del dolor, características, factores asociados y su repercusión sobre la calidad de vida y autonomía del paciente en una serie consecutiva de pacientes con EP.
Pacientes y métodos. El diagnóstico de dolor se realizó de acuerdo con la International Association for the Study of Pain.
Efectuamos una entrevista estructurada y utilizamos el Brief Pain Inventory y el Medical Outcome Study 36-Item Short Form.
Resultados. De un total de 159 pacientes incluidos (edad media: 72,31 ± 8,83 años; 51,3% mujeres), 115 (72,3%) presentaban dolor. De éstos, el 51,3% presentaba dolor antes del diagnóstico de EP y un 27,8% más de un tipo de dolor, siendo los más frecuentes el musculoesquelético (74,8%) y el radicular-neuropático (24,3%). En el 53%, el dolor se clasificó como relacionado con la EP. Un 37,4% no recibía ningún tratamiento para el dolor. La presencia de sintomatología depresiva se mostró como un predictor independiente de dolor (odds ratio = 7,82; intervalo de confianza al 95%, IC 95% = 1,151-53,183; p = 0,035). El dolor se mostró como un predictor independiente de peor calidad de vida (Parkinson’s Disease Questionnaire-39; coeficiente de regresión: 25,53; error estándar: 11,852; IC 95% = 1,48-49,57; p = 0,03) y menor autonomía (escala de actividades de la vida diaria de Schwab y England; coeficiente de regresión: –13,85; error estándar: 6,327; IC 95% = –26,58 a –1,2; p = 0,034).
Conclusiones.
El dolor es un síntoma no motor muy frecuente en la EP, que se asocia a la presencia de depresión, y que
predice una peor calidad de vida y autonomía por parte del paciente.
Fueron excluidos aquellos
pacientes con otro diagnóstico, a tratamiento con
bomba de infusión continua (apomorfina o Duodopa ®) o estimulación cerebral profunda, demencia y/o deterioro cognitivo sin criterios de demencia
(Minimental State Examination ≤ 24), cualquier
otra limitación a juicio del investigador para el correcto cumplimiento de las diferentes escalas de valoración, y aquéllos que mostraran su negativa a
participar.
Los datos sobre la EP de cada uno de los pacientes fueron obtenidos de su historial clínico. Utilizamos la clasificación por estadios de Hoehn y Yahr
[7] para evaluar su situación motora. Para la evaluación de los SNM, calidad de vida, autonomía, y
sobrecarga e índice de estrés del cuidador utilizamos las siguientes escalas: Beck Depression Inventory (BDI) [8], Non-Motor Symptoms Questionnaire
[9], Fatigue Severity Scale [10], cuestionario de calidad de vida  –Parkinson’s Disease Questionnaire
(PDQ-39)– [11], escala de actividades de la vida
diaria de Schwab y England [12], escala de sobrecarga del cuidador de Zarit (Caregiver Burden Interview) [13] e índice de estrés del cuidador (Caregiver Strain Index) [14]. Definimos depresión como
una puntuación en el BDI ≥ 14 [15].
Para la identificación, clasificación y análisis del
dolor, realizamos una entrevista con un cuestionario exhaustivo de 24 preguntas (Tabla I). Utilizamos
también la versión española del Brief Pain Inventory
(BPI) [16] y el  Medical Outcome Study 36-Item
Short Form (SF-36) [17]. No se consideraron en el
análisis las cefaleas u otras algias faciales. El diagnóstico final de dolor fue realizado de acuerdo con
la International Association for the Study of Pain
[18]. Clasificamos el dolor con respecto a su relación con la EP –dolor relacionado con la EP (aquél
que el paciente pusiera en relación con su propia
EP, hubiera datos del cuestionario que así lo sugirieran y no existiera ninguna otra patología que lo
explicase) frente a dolor no relacionado con la EP–,
cronología (aparición antes frente a después del diagnóstico de EP) y tipo (musculoesquelético, radicular-neuropático, distónico, neuropático central y/o
discinético) [3]. La intensidad del dolor se estableció según el BPI.
La realización de dicho trabajo fue aprobada por
el Comité de Ética del Hospital Arquitecto Marcide
de Ferrol. Fue necesario, igualmente, la obtención
del consentimiento informado por parte del paciente o de uno de sus familiares en su defecto.
Análisis estadístico
Los datos fueron analizados con el programa estadístico SPSS v. 16.0. Las variables cuantitativas se
expresan como media (desviación estándar). Las
variables cualitativas se expresan como un porcentaje. Para realizar el análisis comparativo y estudiar
qué variables se asociaron a la presencia de dolor,
se utilizó el test de la t de Student o el ANOVA de
un factor para las variables cuantitativas, y el test
de χ
2
para las cualitativas. Utilizamos el modelo de
regresión logística binario para analizar qué variables se comportaban como predictores independientes de dolor. Para estudiar si la variable dolor
(variable dependiente) se comportaba como un predictor independiente de una peor calidad de vida
(mayor puntuación en la PDQ-39), menor autonomía (menor puntuación en la escala de actividades
de la vida diaria de Schwab y England) y mayor grado de sobrecarga (mayor puntuación en la escala de
sobrecarga del cuidador de Zarit) e índice de estrés
del cuidador (mayor puntuación en el índice de estrés del cuidador), se utilizó el análisis de regresión
lineal múltiple. Se consideraron como significativos
aquellos valores para una p < 0,05.
Resultados
De 297 pacientes consecutivos evaluados en la consulta de trastornos del movimiento del Hospital Arquitecto Marcide de Ferrol, se seleccionaron inicialmente 224 con EP idiopática (73 presentaban
otro diagnóstico: 22 temblor esencial, 14 parkinsonismo farmacológico, 10 parkinsonismo vascular, y
27 otros). Se excluyó a 65 pacientes por los siguientes motivos: 24 por deterioro cognitivo sin criterios
de demencia, 10 por demencia asociada a su EP, 11
por recibir tratamiento con infusión continua por
bomba (nueve levodopa/carbidopa y uno apomorfina) o estimulación cerebral profunda (un paciente), ocho por falta de información suficiente en la
recogida de datos de su historial clínico, seis por
negativa a colaborar en el cumplimiento de las escalas, y seis por cumplimiento no adecuado de éstas. Finalmente, se incluyeron 159 pacientes con EP
idiopática (edad media: 72,31 ± 8,83 años; 51,3%
mujeres). La tabla II indica las características de la
muestra en relación con aspectos epidemiológicos,
síntomas motores, SNM, tratamiento recibido y puntuación en las diferentes escalas.
El 72,3% de los pacientes (n = 115) presentaba
dolor. De éstos, el 51,3% presentaba dolor antes del
diagnóstico de EP, y hasta un 27,8% más de un tipo

IntroducciónLos síntomas no motores (SNM) en los pacientes con enfermedad de Parkinson (EP) son frecuentes, pueden preceder o aparecer al inicio de la enfermedad, y en muchos casos condicionar la calidad de vida y autonomía del paciente [1]. En concreto, el dolor es un SNM muy frecuente en pacientes con EP que puede afectar de una forma muy considerable a su calidad de vida, pero que está claramente infradiagnosticado. Estudios recientes han demostrado una prevalencia del dolor en la EP del 68 [2], 83 [3] y 85% [4]. En cualquier caso, los datos son probablemente insuficientes, hasta el punto de que una revisión reciente sobre SNM en la EP enfatiza acerca de la necesidad de realizar estudios de prevalencia de ámbito poblacional adecuados sobre el dolor y otros SNM en la EP [5]. Además, la mayoría de los estudios previos sobre dolor en la EP se centran más en establecer la prevalencia, sus características o intensidad, y no en la repercusión sobre la calidad de vida o situación funcional de los pacientes.En el presente estudio, analizamos la prevalencia del dolor en una serie consecutiva de pacientes con EP, sus características, a qué factores se asocia y cuáles son predictores de éste, su relación con otros SNM y su repercusión sobre la calidad de vida, autonomía y estado de ánimo del paciente, así como el estrés y sobrecarga del cuidador. Pacientes y métodosRealizamos un estudio observacional, no intervencionista, poblacional, descriptivo, y transversal-prospectivo, en el que se incluyeron todos aquellos pacientes evaluados de forma consecutiva durante cinco meses en la consulta de la Unidad de TrastorDolor en la enfermedad de Parkinson: prevalencia, características, factores asociados y relación con otros síntomas no motores, calidad de vida, autonomía y sobrecarga del cuidadorDiego Santos-García, Javier Abella-Corral, Ángel Aneiros-Díaz, Helena Santos-Canelles, Miguel A. Llaneza-González, Mercedes Macías-ArribiIntroducción. El dolor es un síntoma no motor muy frecuente en la enfermedad de Parkinson (EP), aunque infravalorado. Analizamos la prevalencia del dolor, características, factores asociados y su repercusión sobre la calidad de vida y autonomía del paciente en una serie consecutiva de pacientes con EP. Pacientes y métodos. El diagnóstico de dolor se realizó de acuerdo con la International Association for the Study of Pain. Efectuamos una entrevista estructurada y utilizamos el Brief Pain Inventory y el Medical Outcome Study 36-Item Short Form.Resultados. De un total de 159 pacientes incluidos (edad media: 72,31 ± 8,83 años; 51,3% mujeres), 115 (72,3%) presentaban dolor. De éstos, el 51,3% presentaba dolor antes del diagnóstico de EP y un 27,8% más de un tipo de dolor, siendo los más frecuentes el musculoesquelético (74,8%) y el radicular-neuropático (24,3%). En el 53%, el dolor se clasificó como relacionado con la EP. Un 37,4% no recibía ningún tratamiento para el dolor. La presencia de sintomatología depresiva se mostró como un predictor independiente de dolor (odds ratio = 7,82; intervalo de confianza al 95%, IC 95% = 1,151-53,183; p = 0,035). El dolor se mostró como un predictor independiente de peor calidad de vida (Parkinson’s Disease Questionnaire-39; coeficiente de regresión: 25,53; error estándar: 11,852; IC 95% = 1,48-49,57; p = 0,03) y menor autonomía (escala de actividades de la vida diaria de Schwab y England; coeficiente de regresión: –13,85; error estándar: 6,327; IC 95% = –26,58 a –1,2; p = 0,034). Conclusiones. El dolor es un síntoma no motor muy frecuente en la EP, que se asocia a la presencia de depresión, y que predice una peor calidad de vida y autonomía por parte del paciente.Palabras clave. Calidad de vida. Depresión. Dolor. Enfermedad de Parkinson. Síntomas no motores. Sobrecarga del cuidador. Sección de Neurología. Hospital Arquitecto Marcide. Ferrol, A Coruña, España. Correspondencia: Dr. Diego Santos García. Sección de Neurología. Hospital Arquitecto Marcide. San Pedro Leixa, s/n. E-15405 Ferrol (A Coruña).Fax: +34 981 334 015.E-mail: diegosangar@yahoo.esAceptado tras revisión externa:01.12.10.Cómo citar este artículo:Santos-García D, Abella-Corral J, Aneiros-Díaz Á, Santos-Canelles H, Llaneza-González MA, MacíasArribi M. Dolor en la enfermedad de Parkinson: prevalencia, características, factores asociados y relación con otros síntomas no motores, calidad de vida, autonomía y sobrecarga del cuidador. Rev Neurol 2011; 52: 385-93.© 2011 Revista de Neurología386 http://www.neurologia.com Rev Neurol 2011; 52 (7): 385-393D. Santos-García, et alnos del Movimiento del Hospital Arquitecto Marcide de Ferrol con diagnóstico de EP idiopática según criterios del United Kingdom Parkinson’s Disease Society Brain Bank [6]. Fueron excluidos aquellos pacientes con otro diagnóstico, a tratamiento con bomba de infusión continua (apomorfina o Duodopa ®) o estimulación cerebral profunda, demencia y/o deterioro cognitivo sin criterios de demencia (Minimental State Examination ≤ 24), cualquier otra limitación a juicio del investigador para el correcto cumplimiento de las diferentes escalas de valoración, y aquéllos que mostraran su negativa a participar. Los datos sobre la EP de cada uno de los pacientes fueron obtenidos de su historial clínico. Utilizamos la clasificación por estadios de Hoehn y Yahr [7] para evaluar su situación motora. Para la evaluación de los SNM, calidad de vida, autonomía, y sobrecarga e índice de estrés del cuidador utilizamos las siguientes escalas: Beck Depression Inventory (BDI) [8], Non-Motor Symptoms Questionnaire[9], Fatigue Severity Scale [10], cuestionario de calidad de vida  –Parkinson’s Disease Questionnaire(PDQ-39)– [11], escala de actividades de la vida diaria de Schwab y England [12], escala de sobrecarga del cuidador de Zarit (Caregiver Burden Interview) [13] e índice de estrés del cuidador (Caregiver Strain Index) [14]. Definimos depresión como una puntuación en el BDI ≥ 14 [15]. Para la identificación, clasificación y análisis del dolor, realizamos una entrevista con un cuestionario exhaustivo de 24 preguntas (Tabla I). Utilizamos también la versión española del Brief Pain Inventory(BPI) [16] y el  Medical Outcome Study 36-Item Short Form (SF-36) [17]. No se consideraron en el análisis las cefaleas u otras algias faciales. El diagnóstico final de dolor fue realizado de acuerdo con la International Association for the Study of Pain[18]. Clasificamos el dolor con respecto a su relación con la EP –dolor relacionado con la EP (aquél que el paciente pusiera en relación con su propia EP, hubiera datos del cuestionario que así lo sugirieran y no existiera ninguna otra patología que lo explicase) frente a dolor no relacionado con la EP–, cronología (aparición antes frente a después del diagnóstico de EP) y tipo (musculoesquelético, radicular-neuropático, distónico, neuropático central y/o discinético) [3]. La intensidad del dolor se estableció según el BPI. La realización de dicho trabajo fue aprobada por el Comité de Ética del Hospital Arquitecto Marcide de Ferrol. Fue necesario, igualmente, la obtención del consentimiento informado por parte del paciente o de uno de sus familiares en su defecto. Análisis estadísticoLos datos fueron analizados con el programa estadístico SPSS v. 16.0. Las variables cuantitativas se expresan como media (desviación estándar). Las variables cualitativas se expresan como un porcentaje. Para realizar el análisis comparativo y estudiar qué variables se asociaron a la presencia de dolor, se utilizó el test de la t de Student o el ANOVA de un factor para las variables cuantitativas, y el test de χ2 para las cualitativas. Utilizamos el modelo de regresión logística binario para analizar qué variables se comportaban como predictores independientes de dolor. Para estudiar si la variable dolor (variable dependiente) se comportaba como un predictor independiente de una peor calidad de vida (mayor puntuación en la PDQ-39), menor autonomía (menor puntuación en la escala de actividades de la vida diaria de Schwab y England) y mayor grado de sobrecarga (mayor puntuación en la escala de sobrecarga del cuidador de Zarit) e índice de estrés del cuidador (mayor puntuación en el índice de estrés del cuidador), se utilizó el análisis de regresión lineal múltiple. Se consideraron como significativos aquellos valores para una p < 0,05. ResultadosDe 297 pacientes consecutivos evaluados en la consulta de trastornos del movimiento del Hospital Arquitecto Marcide de Ferrol, se seleccionaron inicialmente 224 con EP idiopática (73 presentaban otro diagnóstico: 22 temblor esencial, 14 parkinsonismo farmacológico, 10 parkinsonismo vascular, y 27 otros). Se excluyó a 65 pacientes por los siguientes motivos: 24 por deterioro cognitivo sin criterios de demencia, 10 por demencia asociada a su EP, 11 por recibir tratamiento con infusión continua por bomba (nueve levodopa/carbidopa y uno apomorfina) o estimulación cerebral profunda (un paciente), ocho por falta de información suficiente en la recogida de datos de su historial clínico, seis por negativa a colaborar en el cumplimiento de las escalas, y seis por cumplimiento no adecuado de éstas. Finalmente, se incluyeron 159 pacientes con EP idiopática (edad media: 72,31 ± 8,83 años; 51,3% mujeres). La tabla II indica las características de la muestra en relación con aspectos epidemiológicos, síntomas motores, SNM, tratamiento recibido y puntuación en las diferentes escalas.El 72,3% de los pacientes (n = 115) presentaba dolor. De éstos, el 51,3% presentaba dolor antes del diagnóstico de EP, y hasta un 27,8% más de un tipo

de dolor, siendo los más frecuentes el musculoesquelético (74,8%) y el radicular-neuropático (24,3%).

En el 53%, el dolor se clasificó como relacionado

con la EP. Con respecto al tratamiento, los fármacos más utilizados fueron los analgésicos-antiinflamatorios no opioides (78,3%), y hasta un 37,4% de

los pacientes con dolor no recibía tratamiento conocido específicamente para ello (Tabla III).

La tabla IV muestra las características y factores

asociados en el grupo de pacientes con dolor frente

a aquéllos sin dolor. El sexo femenino (55,6% frente

a 34,1%;  p = 0,029), fenotipo no tremórico (75,7%

frente a 56,8%; p = 0,047), sintomatología depresiva

(66,1% frente a 18,2%; p < 0,0001), una mayor puntuación en las escalas BDI (15,6 ± 9,93 frente a 7,75

± 5,3;  p = 0,001), PDQ-39 (54,13 ± 25,88 frente a

30,67 ± 25,13; p = 0,027) y de sobrecarga del cuidador de Zarit (24,37 ± 19,08 frente a 5,14 ± 3,18; p <

0,0001) e índice de estrés del cuidador (3,87 ± 3,5

frente a 1,14 ± 1,57; p = 0,033), y una menor puntuación en la escala de actividades de la vida diaria de

Schwab y England (69,09 ± 13,05 frente a 82,22 ±

13,01; p = 0,017) se asociaron a la presencia de dolor.

En el modelo de regresión logística binaria (variable dependiente dolor), la presencia de sintomatología depresiva se mostró como un predictor independiente de dolor (odds ratio, OR = 7,82; intervalo de confianza al 95%, IC 95% = 1,151-53,183;

p = 0,035) frente al sexo femenino (OR = 2,96; IC

95% = 0,433-20,201;  p = 0,269) y fenotipo no tremórico (OR = 1,06; IC 95% = 0,301-3,761; p = 0,926).

El dolor se mostró como un predictor independiente de peor calidad de vida (PDQ-39; coeficiente

de regresión: 25,53; error estándar: 11,852; IC 95% =

1,48-49,57; p = 0,03) y menor autonomía (escala de

actividades de la vida diaria de Schwab y England;

coeficiente de regresión: –13,85; error estándar: 6,327;

IC 95% = –26,58 a –1,2; p = 0,034), pero no de mayor sobrecarga (escala de sobrecarga del cuidador

de Zarit; coeficiente de regresión: 12,93; error estándar: 9,519; IC 95% = –7,156 a 33,022; p = 0,333)

e índice de estrés del cuidador (índice de estrés del

cuidador; coeficiente de regresión: 1,725, error estándar: 1,777; IC 95% = –1,9 a 5,358; p = 0,248) en

los correspondientes modelos de regresión lineal

múltiple (dolor como variable independiente).

Discusión

El presente trabajo demuestra que el dolor es un

síntoma muy frecuente en la EP, que se asocia a depresión, y predice una peor calidad de vida y autonomía por parte del paciente.

La prevalencia del dolor en nuestra serie (72,3%)

está en consonancia con otras series: 61 [19], 68 [2],

83 [3] y 85% . Sin embargo, y a pesar de ser un

síntoma muy frecuente en estos pacientes y de que

cada vez hay más trabajos dirigidos hacia el diagnóstico y manejo del dolor en la EP [20-28], éste sigue siendo un síntoma infravalorado, infradiagnosticado e infratratado [27,28]. En este sentido, llama

la atención que en nuestra serie hasta el 40,8% de

los pacientes presentaba dolor sin conocimiento

por parte del neurólogo, que un 37,4% no recibía

tratamiento específico para el dolor, y que incluso

hasta el 20,9% presentaba dolor con conocimiento

por parte del neurólogo, pero sin recibir tratamiento. En otras series, hasta el 41,5 [2] y el 50% [3] de

los pacientes con EP y dolor no recibían tratamiento analgésico. En cualquier caso, esto no es exclusivo del dolor en la EP, y se ha estimado que entre el

23 y el 65% de los pacientes con cáncer y dolor están inadecuadamente tratados [2].

En cuanto a las características y tipo de dolor,

más de una cuarta parte de nuestros pacientes con

dolor presentaba más de un tipo de dolor. Beiske et

al [3] evidenciaron que hasta el 47% presentaba más

de un tipo de dolor, y Lee y et al [2] hasta en el

70,7% de los casos, presentando un 22,8% cuatro o

más tipos, con una media de 2,3 ± 1,57 por paciente. Esto sugiere que, con la metodología adecuada,

detectamos no sólo que el dolor es frecuente en la

EP, sino que muchas veces coexisten diversos tipos

[2,3,23,29,30]. Sin duda, esto tiene importancia, ya

que el manejo adecuado del dolor dependerá del

tipo o tipos coexistentes, y por eso será fundamental su correcta identificación y clasificación [27].

En nuestra serie, el sexo femenino, un fenotipo

no predominantemente tremórico, y la presencia

de depresión se asociaron a dolor. En el estudio de

Beiske et al [3], sólo el sexo femenino se comportó

como un predictor independiente de dolor, mientras que en otras series su presencia no se asoció al

sexo, edad, tiempo de evolución o estadio motor

[2,23]. Un porcentaje menor de casos con dolor es,

por otra parte, lo esperable en aquellas formas de

EP de predominio tremórico, más benignas y con

menor componente de rigidez, síntoma al cual se

asocia el dolor musculoesquelético (el más prevalente en la EP). Igualmente, es evidente que la sintomatología depresiva coexiste con el dolor en pacientes con EP [23,31,32], y estudios previos han

demostrado que ésta predice una mayor puntuación en las escalas de cuantificación del dolor [33].

En concreto, en nuestra serie, sólo la presencia de

depresión se comportó como un predictor independiente de dolor. Por otra parte, mientras que algunos trabajos han demostrado la asociación de

dolor y complicaciones motoras, otros no [23,33-

36]. En nuestro caso, sólo los subtipos de dolor discinético, distónico y neuropático central se asociaron significativamente a la presencia de complicaciones motoras (datos no mostrados). La prevalencia de otros SNM está en consonancia con estudios

previos [19], siendo los más frecuentes, aparte del

dolor y la depresión, ansiedad, insomnio, estreñimiento y síntomas urinarios. La relación del dolor

con otros SNM no se ha analizado previamente. En

nuestra serie no encontramos que ningún otro

SNM se asociara al dolor, salvo la depresión. Aunque existe una tendencia evidente hacia una mayor

puntuación en la escala de fatiga y mayor somnolencia diurna en el grupo de pacientes con dolor,

éstas no resultaron significativas.

Especialmente relevante es que la presencia de

dolor se asoció a una peor situación funcional, peor

calidad de vida y mayor grado de estrés y sobrecarga por parte del cuidador, y que se comportó como

un predictor independiente de peor calidad de vida

y autonomía del paciente. Estudios previos han demostrado que la presencia de síntomas neuropsiquiatricos

incluyendo depresión y ansiedad, situación funcional, fatiga, fluctuaciones motoras y un

estadio más avanzado de la enfermedad, son los

principales predictores de una peor calidad de vida

[19,37-40]. Recientemente, The Priamo Study [19]

evidenció, en una serie de 1.072 pacientes con EP,

una mayor puntuación en la escala PDQ-39 en el

grupo de pacientes con dolor. Quittenbaum et al [4]

demostraron que la presencia de dolor en el mes previo era un predictor de peor calidad de vida (SF-36,

general health perception; coeficiente de regresión:

21,04; p < 0,001) en su serie de 57 pacientes con EP

(95 controles). En nuestra serie, la presencia de dolor condicionó una peor calidad de vida en relación,

fundamentalmente, con una peor movilidad y bienestar emocional, mientras que no parece influir en

cuanto al apoyo social y grado de estigmatización

por parte del paciente. En relación con el cuidador,

algunos estudios han demostrado una mayor sobrecarga

y estrés por parte del cuidador en el grupo de

pacientes con EP y peor calidad de vida, situación

motora, autonomía y deterioro cognitivo, pero no

en aquéllos con dolor o depresión [41-44]. En el presente trabajo, aunque el dolor sí que se asoció a una

mayor sobrecarga y estrés por parte del cuidador,

no demostró ser un predictor independiente de éstos.

El presente estudio presenta algunas limitaciones. No hemos analizado la prevalencia del dolor

en nuestra área en un grupo control (aunque estudios previos han demostrado una mayor prevalencia en los pacientes con EP frente al grupo control

[3,45]). No se han considerado en el análisis otras

patologías concomitantes causantes de dolor (artritis, diabetes, osteoporosis, etc.), aunque sí se han

tenido en cuenta a la hora de clasificarlo (tipos y

dolor relacionado con la EP frente a dolor no relacionado con la EP). Posiblemente, una muestra mayor de pacientes pudiera haber mostrado la asociación del dolor a otros síntomas no significativa en

nuestro estudio. La muestra referente a los datos

sobre el cuidador (escala de sobrecarga del cuidador de Zarit e índice de estrés del cuidador) representa en torno al 80% del total (n = 129). Finalmente, no se ha utilizado la Unified Parkinson’s Disease

Rating Scale III para evaluar el estado motor del paciente y su correlación con la presencia de dolor.

En conclusión, demostramos que el dolor es un SNM

muy frecuente en la EP, que se asocia a la presencia

de depresión y que predice una peor calidad de vida

y autonomía por parte del paciente. Los cuidadores

de los pacientes con EP y dolor presentan un mayor

grado de sobrecarga y estrés. Además, más de un

tercio de los pacientes no recibe tratamiento específico para el dolor. Probablemente, es necesario tomar más medidas para su precoz y correcta identificación, clasificación y tratamiento, ya que sigue

siendo un síntoma infravalorado.

fuente

Santos-García D, Abella-Corral J,

Aneiros-Díaz Á, Santos-Canelles H,

Llaneza-González MA, MacíasArribi M. Dolor en la enfermedad

de Parkinson: prevalencia,

características, factores asociados

y relación con otros síntomas no

motores, calidad de vida, autonomía

y sobrecarga del cuidador.

Rev Neurol 2011; 52: 385-93

http://www.neurologia.com/

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